Aguas de historia - Fuego verde en el estadio Centenario 27 de Febrero por Mariana Aurora Gómez Laureano

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Me resulta imposible imaginar cómo debió de ser aquel evento para esta provincia tabasqueña, cuando hoy en día nos seguimos emocionando con la llegada de los grandes equipos del país. Con los tabasqueños yendo de aquí para allá entre las gradas, eufóricos en cada batazo y con la onda ochentera del sur, donde seguramente sonaba Chico Che...


El Estadio 27 de Febrero es uno de los recintos más emblemáticos de la capital villahermosina; desde 1964 es sede del equipo estatal, los Olmecas de Tabasco, en sus ramas varonil y femenil (anteriormente llamados Cardenales y Plataneros de Tabasco). Ubicado en el corazón de la Ciudad Deportiva de nuestra población, en la colonia Atasta de Serra, daba la bienvenida originalmente a una capacidad de 10,500 aficionados.


El nombre del recinto responde a la fecha en que este fue inaugurado, en conmemoración de la expulsión de las tropas francesas que invadieron el estado en 1864, en la entonces llamada San Juan Bautista. El antiguo recinto vio por primera vez coronados a los Olmecas en el año de 1993. En aquellos tiempos, «Karmito y los Supremos» ambientaban a la comuna tabasqueña; además, hoy por hoy en mis recuerdos abundan los sonidos de Chemaney para avivar la algarabía.


El recinto estuvo presente también en los episodios de las inundaciones, pues por su capacidad fue utilizado como helipuerto para la llegada de víveres y sirvió como albergue para las personas que sufrieron daños en sus hogares. Por lo tanto, en medio de los tormentos, el estadio también fue partícipe de la memoria colectiva del estado.


Alexis Santamaría relata en su nota publicada para el periódico Tabasco Hoy, durante el 61.° aniversario del inmueble, cómo este fue sede de un juego de los Cincinnati Reds en el mismo año de su inauguración y cómo recibió a los San Diego Padres en 1980, ambos equipos de las Grandes Ligas. Por ello, no me resulta imposible imaginar cómo debió de ser aquel evento para esta provincia tabasqueña, cuando hoy en día nos seguimos emocionando con la llegada de los grandes equipos del país. Me imagino a los tabasqueños yendo de aquí para allá entre las gradas, eufóricos en cada batazo y con la onda ochentera del sur, donde seguramente sonaba Chico Che entre los saxofones y teclados.


¿Qué sucede, entonces, cuando uno decide visitar la casa del rey de los deportes en la localidad olmeca? Diversas actividades acontecen mientras se disfruta de las hazañas deportivas que se rivalizan en la zona de juego. Desde que uno llega —ya sea directo a taquilla o adquiriendo los boletos digitales en las plataformas oficiales— te reciben unos enormes emblemas de luz verde que portan los Olmecas y que representan lo pantanoso de nuestras tierras: las lagunas esmeralda, los árboles que cubren el suelo, los frutos del plátano o el chinin (por nombrar algunos), porque aquí la mayor ocupación de la naturaleza se refleja verdosa. A la entrada, el nuevo estadio nos brinda una variedad de locales que ofrecen desde las jerseys oficiales hasta los alimentos típicos de la región, como las tradicionales butifarras. Las bebidas alcohólicas tampoco pueden faltar para calentar los ánimos, por lo que las micheladas son imperdibles durante el juego.


Los vendedores se pasean entre las gradas para ofrecer su vendimia; se pueden escuchar los anuncios de chicharrones, hot-dogs, tacos, butifarras, bolis, cervezas, marquesitas, cocteles de los famosos azulitos y mojitos, doriesquites, gomitas y papas preparadas. Durante el juego, las gradas se llenan de bulla por los aficionados que, cuando cae un hit, se levantan de sus asientos por la emoción, la cual estalla por completo cuando logran pochar al equipo contrario. Al Centenario llegan las familias con niños portando la jersey olmeca, los amigos se ponen de acuerdo para juntarse y disfrutar el partido, y entre las filas beisboleras se hacen notar los veteranos conocedores, quienes comparten el entusiasmo en cada batazo. Además, cuando una bola se cuela entre los asientos, la afición corre para llevarse un valioso recuerdo entre las manos.


La modernidad y comodidad que brinda el nuevo estadio abrieron sus puertas el 1 de abril de 2023, después de demoler el edificio anterior para dejar las ruinas en un estrato más de esta Villa; de lo antiguo solamente quedaron los asientos otorgados a los tabasqueños para atesorar lo que alguna vez fue el viejo estadio y lo que contaban sus paredes. La obra se entregó durante el mandato del gobernador del estado, Carlos Merino, tras un arduo trabajo arquitectónico de los obreros tabasqueños. La receptoría de honor estuvo a cargo del gobernador, el bateo fue hecho por Adán Augusto López Hernández y el ex-Yankee, Mariano Rivera, lanzó la primera bola. Es así como el equipo de los cabezones, bajo la batuta de Gonzalo Medina, veía una nueva era para la práctica del deporte por excelencia en la esmeralda del sureste, donde hoy cada serie emociona más que la anterior y donde la afición anhela ver de nuevo la gloria de los Olmecas renacer.


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