De este modo, la historia no solo aporta datos, sino que permite situar los fenómenos en una dimensión temporal que les otorga una profundidad y complejidad que, por sí solas, las Relaciones Internacionales no nos pueden dar
Durante toda mi formación como internacionalista, mi mayor reto fue convencer a mis profesores —y, hasta cierto punto, convencerme a mí misma— de que las Relaciones Internacionales (RI) y la historia son disciplinas que están estrechamente conectadas.
Primero, definamos las Relaciones Internacionales como la disciplina que estudia las interacciones políticas, económicas y sociales entre los países y otros actores del sistema internacional —tales como las empresas transnacionales, las organizaciones internacionales o las organizaciones no gubernamentales— para comprender y explicar cómo se organiza y funciona el mundo.
Bajo esta línea, la historia desempeña un papel fundamental en dicho análisis, ya que nos ofrece el contexto necesario para comprender la evolución de los sistemas políticos, económicos y diplomáticos a lo largo del tiempo. Las dinámicas actuales entre los Estados no pueden entenderse plenamente sin considerar los antecedentes históricos que las moldearon; por ejemplo: los conflictos armados, los tratados internacionales y los procesos de colonización y descolonización.
Retomando estos dos últimos conceptos, la historia del colonialismo y la descolonización ha sido de suma importancia para entender las desigualdades estructurales en el sistema internacional contemporáneo. Procesos como el reparto de África en el siglo XIX o las independencias del «Tercer Mundo» en la segunda mitad del siglo XX nos permiten contextualizar fenómenos actuales —como la persistencia del subdesarrollo o las disputas territoriales— y dotarlos de un origen y un valor histórico. Es decir, estas tensiones no surgen de la nada: existe todo un trasfondo que nos ayuda a comprender dónde, por qué y cuándo se originaron.
De este modo, la historia no solo aporta datos, sino que permite situar los fenómenos en una dimensión temporal que les otorga una profundidad y complejidad que, por sí solas, las Relaciones Internacionales no nos pueden dar. De ahí que, muchas veces, los internacionalistas recurran a la historia no solo como una fuente de información, sino como una herramienta interpretativa indispensable.
Otro ejemplo claro de esta relación es el estudio de las dos guerras mundiales. Estos eventos no solo alteraron el equilibrio de poder global, sino que inspiraron directamente el surgimiento y la consolidación de teorías fundamentales dentro de nuestra disciplina, las cuales utilizamos para fundamentar nuestros análisis. Una de ellas es la teoría realista, la cual encuentra en estos episodios históricos el sustento para su visión de un sistema internacional anárquico, donde los Estados actúan racionalmente para garantizar su supervivencia. Sin la comprensión histórica de cómo el Tratado de Versalles contribuyó al ascenso del nazismo, o de cómo el fracaso de la Sociedad de Naciones reveló las limitaciones del idealismo liberal, las bases del pensamiento realista quedarían incompletas.
Tal como señala la doctora Diana Marcela Rojas en su libro de 2004, La historia y las relaciones internacionales: de la historia internacional a la historia global: «la historia es, de una manera u otra, un referente permanente de comprensión de lo internacional y constituye una fuente casi inagotable de información, referentes, significados y ejemplos para las Relaciones Internacionales» (Rojas, 2004, p. 6).
En definitiva, comprender las Relaciones Internacionales sin recurrir a la historia sería como intentar explicar el presente ignorando su origen. Ambas disciplinas se complementan y enriquecen mutuamente: mientras las Relaciones Internacionales ofrecen los marcos teóricos para analizar el mundo actual, la historia proporciona la profundidad temporal necesaria para entender por qué ese mundo es como es. Reconocer esta interdependencia no solo fortalece nuestra mirada académica, sino que también nos permite interpretar los fenómenos internacionales con una conciencia mucho más crítica y contextualizada.
.png)